Banco Mundial pronostica crecimiento del PIB colombiano a la baja: 2,3 % en 2026.

Oct 13, 2026

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Del 12 al 16 de octubre de este año se realiza la asamblea anual del BIRF y el FMI, en Bangkok, Tailandia, reunión en la que tratarán como tema central el informe sobre el crecimiento económico mundial, la guerra de Oriente Medio sobre los mercados energéticos y el avance de la inteligencia artificial.

En esas proyecciones, el Banco Mundial pronostica un crecimiento de la economía mundial del 2,5 %, mientras el FMI dice un 3 %. Para Colombia estiman un crecimiento del 2,3 % este año, el 2,6 % el entrante y un 2,5 % en el 2028.

Tasas por debajo del potencial de la economía colombiana, 4,5 %, y lejos de la meta que desea alcanzar en sus cuatro años el gobierno del Tigre: un 6 %.

La patria milagro, para llegar a niveles de crecimiento del PIB del 6 % o por encima del 4,5 %, que, de lograrse, sería formidable. Pero una cosa es el deseo y otra muy distinta la realidad del país.

Para lograr esos cambios, el gobierno debe hacer cambios estructurales fuertes que requieren, muchos de ellos, la aprobación del Congreso y, por supuesto, de las altas Cortes. Lo primero que tiene que hacer es buscar el equilibrio macroeconómico. Para ello, necesita disminuir la inflación para que el Banco Central baje la tasa de interés y fluya la inversión y se dinamice la demanda interna.

Igualmente, disminuir el déficit fiscal del 9,4 % del PIB a un 4 %, y el déficit primario del 4,5 % a un 2 %. Frenar el endeudamiento, tanto interno como externo, renegociar parte de la deuda con menores tasas; no podemos seguir pagando tasas por encima del 13 %.

Incentivar las exportaciones depreciando el peso para que no sigan perdiendo competitividad y alejemos el turismo internacional, afectando a los colombianos que reciben sus remesas mensualmente de sus familiares. Igualmente, la diligente y emprendedora ministra de Transporte, doctora Elsa Noguera, debe mejorar la infraestructura vial, férrea, aérea y portuaria.

No podemos continuar con un déficit en cuenta corriente del 2,4 % del PIB, importando toneladas de alimentos, especialmente el arroz, cuando lo podemos producir en el país, a un costo más alto que los subsidios que reciben en USA, pero generando trabajo en Colombia y especialmente en el sector rural, donde la informalidad en el trabajo es del 85 %.

Con subsidios entregados podemos producir por lo menos el 80 % de la demanda, que es una de las más altas del mundo: 42 kilos por persona. Solo nos supera en AL Perú, con 54 kilos. Somos el país número 30 entre los mayores consumidores de arroz, con 2.000 millones de toneladas. El número uno es China, con 154.000 millones de toneladas.

Mientras el marañón tiene una demanda baja y la producción se centra en Costa de Marfil, Tanzania, Camboya, Guinea y Ghana, el principal importador de marañón es USA, con el 26,8 % de la demanda, seguido de Alemania. La producción de marañón es de 4 millones de toneladas.

Son dos productos que no se pueden comparar, porque la demanda de arroz es vital en la dieta de los colombianos. En cambio, el marañón, por su alto precio y por no hacer parte de la dieta alimenticia, tiene una baja demanda. Su precio es alto por su baja producción y alto consumo en países desarrollados que lo importan, al igual que el café, y le añaden valor.

Colombia tiene que volver a mirar el campo pensando en la agroindustria. Por estar importando arroz blanco, no en paddy, acabamos con la mediana y pequeña industria arrocera en el Caribe colombiano, cuando eran empresas que trabajaban 24 horas, tres turnos, y generaban empleo bien remunerado. Igual debemos pensar con la ganadería: seguir exportando novillos en pie no genera empleo, hay que agregarle valor.

En segundo lugar, darle un vuelco al PGN. No podemos continuar con un presupuesto que destina el 86,4 % a gastos de funcionamiento y servicio de la deuda ($155 billones) y solo un 13,6 % a inversión. Así no es posible crecer a tasas del 6 %.

Mientras el país no resuelva esos obstáculos, no será posible alcanzar mayores tasas de crecimiento.

Colombia necesita, señor presidente, reformar el estatuto presupuestal vigente hace 30 años. Esa modificación implica una reforma a la estructura del Estado y, por supuesto, la modificación de unas leyes que lo que hacen es quitarle flexibilidad a la planeación del presupuesto. Sin esos cambios, NO es posible tener un presupuesto donde la inversión sea el 60 % del total presupuestado. Este margen algunas entidades territoriales lo han logrado y, por ello, sus ciudades hoy muestran otra cara.

De ALC hay que estudiar bien lo que viene haciendo Paraguay, cuya economía creció del 2023 al 2026 en un 5,3 %, y el Banco Mundial proyecta crecimiento del 4,1 % para los dos próximos años. Los otros países disparados son Panamá y República Dominicana, creciendo a tasas del 4 %.

Estos crecimientos se deben, en gran parte, a la estabilidad de las variables macroeconómicas, al aumento de la inversión, tanto de los nacionales como extranjeras, a unas exportaciones dinámicas y a una alta generación de energía, sobre todo en Paraguay. Los tres les brindan confianza y seguridad a los inversionistas, lo que atrae la inversión.

El crecimiento para este año de ALC es del 2,2 %, por debajo del del año pasado.

Para lograr mejores resultados en Colombia, se necesita hacer un ajuste que será doloroso, pero si el Tigre no lo hace ya, dolerá más.

No podemos continuar con déficits gemelos tan altos, ni inflación alta, ni con revaluaciones del 15 %, ni sobreendeudados como Barranquilla. El ajuste requiere medidas fuertes que van a doler, pero que son necesarias.

Unas de las tantas medidas a tomar pueden ser:

a) Eliminar las contralorías territoriales, las personerías y las consejerías para las regiones, embajadas y consulados que nada le aportan al país.

b) Disminuir las nóminas de la FGN, CGR, PGN, concejos, asambleas y Congreso, las fuerzas militares, las superintendencias que no sirven para nada y, por supuesto, eliminar ministerios que, por no contar con recursos, poco o nada es lo que hacen.

Señor presidente, el pueblo colombiano votó por usted para que, respetando el Estado social de derecho y lo que establecen nuestra Constitución y las leyes que usted juró respetar cuando se posesionó, haga los cambios que se necesitan para refundar el Estado y que el país vuelva por la senda del crecimiento económico con justicia social.

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