#MiOpinión
En Colombia no se puede normalizar algo que ya hemos visto en otros países: el debilitamiento de la prensa cuando el poder empieza a tratar al periodista como enemigo.
Y por eso hay una preocupación creciente frente a la figura de Abelardo de la Espriella como eventual candidato presidencial.
No se trata de censura directa ni de teorías exageradas. Se trata de algo más sutil y más peligroso: el clima político que se puede construir alrededor del periodismo.
Cuando un líder político responde con ataques personales a periodistas, cuando desacredita preguntas incómodas o cuando convierte la crítica en provocación, no está debatiendo ideas: está enviando un mensaje de advertencia.
Y ese mensaje tiene efectos.
En una presidencia, el poder no solo se ejerce con leyes. También se ejerce con discurso, con tono, con señales. Y si desde arriba se legitima la idea de que la prensa crítica es un enemigo, el resultado puede ser un ambiente hostil para informar, investigar y cuestionar.
No hace falta cerrar un medio para afectar la libertad de prensa. Basta con presionarlo, desacreditarlo o convertirlo en blanco permanente del discurso político.
Colombia ya sabe lo que cuesta ser periodista en un país donde investigar puede significar amenazas, estigmatización o aislamiento. Por eso este debate no es menor.
El punto no es si un candidato gusta o no. El punto es qué tan tolerante es con la crítica cuando el poder está en juego.
Porque una democracia no se rompe de un día para otro.
Se desgasta cuando la prensa empieza a autocensurarse por miedo, presión o señalamiento.
Y ahí es donde está la verdadera alerta: no en una promesa explícita de censura, sino en el tipo de relación que se propone con la prensa desde antes de llegar al poder.
En democracia el periodista puede preguntar lo que quiera y el entrevistado puede decidir no responder, pero lo que no es aceptable es convertir la entrevista en un espacio de intimidación o descalificación: la libertad de prensa no se ejerce obligando a responder, sino respetando el derecho a preguntar sin miedo ni presión.
La libertad de expresión no se pierde de golpe. Se erosiona poco a poco… cuando criticar al poder empieza a tener costo.
Abrlardo de la Espriella es un peligro para libertad de pensar diferente. .. Piensen a la hora de votar.
Se debería betar