El reloj marcaba las 7:34 de la mañana cuando la tierra comenzó a moverse. Para millones de colombianos fueron segundos de angustia. Para el recién posesionado presidente Abelardo de la Espriella, el terremoto de magnitud 7,4 significó, apenas tres días después de asumir el poder, enfrentar su primera gran emergencia nacional.
Primero fue el ruido. Después, el movimiento de las paredes, los vidrios, los muebles y las estructuras. En cuestión de segundos, miles de personas salieron de sus casas, oficinas, hospitales y establecimientos comerciales buscando un lugar seguro.
El epicentro estaba en San José del Palmar, Chocó, pero la fuerza del terremoto recorrió buena parte del territorio nacional. El Servicio Geológico Colombiano reportó una magnitud de 7,4, con una profundidad cercana a los 96 kilómetros. El movimiento fue sentido en ciudades como Pereira, Cali, Manizales, Armenia, Quibdó, Medellín y Bogotá.
La reacción del Gobierno comenzó prácticamente de inmediato.
El mandatario suspendió la agenda que tenía prevista en Bogotá y ordenó concentrar los esfuerzos del Ejecutivo en atender la emergencia. En sus primeras declaraciones, confirmó que se pondría en marcha un esquema especial de coordinación para conocer la magnitud de los daños y establecer las prioridades de atención.
La decisión inicial fue centralizar la información y evitar que cada entidad actuara por separado.
Se activó un Puesto de Mando Unificado, mientras las autoridades nacionales comenzaron a recibir reportes de gobernaciones, alcaldías, organismos de socorro, Policía, Fuerzas Militares y entidades encargadas de la gestión del riesgo.
De Bogotá al Chocó: el presidente se traslada al corazón de la emergencia
Mientras en distintas regiones del país los equipos de rescate todavía buscaban sobrevivientes entre los escombros, el presidente Abelardo de la Espriella tomó una decisión que marcó el rumbo de su primera jornada frente a la emergencia: suspendió su agenda y puso al Gobierno nacional en modo crisis.
El mandatario anunció la instalación de un Puesto de Mando Unificado (PMU) para centralizar la información y coordinar la respuesta de las autoridades.
También pidió a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres un reporte detallado sobre los daños y las necesidades más urgentes en las zonas afectadas.
Pero la emergencia tenía un punto de partida que no podía ser ignorado: el Chocó.
El departamento, históricamente golpeado por la pobreza, el aislamiento, las deficiencias de infraestructura y lo que sus habitantes han denunciado durante décadas como abandono del Estado, fue precisamente el territorio donde se localizó el epicentro del terremoto.
Por eso, De la Espriella decidió trasladarse hasta Quibdó.Su llegada convirtió al Chocó en el centro de la respuesta presidencial. Allí, el mandatario expresó su solidaridad con las comunidades afectadas y sostuvo que el departamento tendría el respaldo del Gobierno nacional en medio de la tragedia.
Desde territorio chocoano, el presidente comenzó a anunciar medidas concretas para las familias damnificadas. Entre ellas, subsidios de arrendamiento para hogares cuyas viviendas resultaron afectadas, con recursos destinados a permitir que las familias puedan contar con un lugar donde permanecer mientras se adelanta la evaluación y recuperación de sus viviendas.
La imagen del presidente llegando al Chocó adquirió así un significado que va más allá de la emergencia.Para una región que durante años ha reclamado mayor presencia del Estado, el desplazamiento del jefe de Estado hasta Quibdó representa también un mensaje político: la tragedia no se atendería únicamente desde los escritorios de Bogotá.
De la Espriella había llegado a la Presidencia apenas unos días antes. Y el primer gran desafío de su Gobierno no fue una crisis política, una discusión legislativa o una confrontación partidista.
Fue la tierra misma la que puso a prueba su capacidad de respuesta.Ahora, mientras los organismos de socorro continúan trabajando, la atención estará puesta en lo que ocurra después de la primera reacción: que los anuncios se conviertan en ayudas efectivas, que los damnificados reciban atención y que el Chocó no vuelva a quedar, una vez superada la emergencia, relegado a las últimas páginas de la agenda nacional.Porque esta vez la tierra se movió en el Chocó.Y Colombia entera sintió el golpe.
El objetivo era claro: saber dónde estaban las víctimas, cuáles estructuras habían colapsado, qué vías estaban bloqueadas y dónde se necesitaban con mayor urgencia equipos de rescate, ambulancias, personal médico y ayuda humanitaria.
La prioridad: encontrar sobrevivientes
Mientras el país comenzaba a conocer las primeras imágenes de edificios afectados y personas atrapadas, el Gobierno puso el foco en las operaciones de búsqueda y rescate.
Pereira, Chocó, Manizales, Cali y otras zonas afectadas comenzaron a enviar reportes de daños. La información, sin embargo, llegaba de manera fragmentada durante las primeras horas, debido a las dificultades de comunicación en algunas regiones.
El presidente anunció además que viajaría a Pereira, una de las ciudades que registraba importantes afectaciones, con el propósito de conocer directamente la situación y coordinar desde el territorio la respuesta institucional.
La presencia presidencial en las zonas afectadas buscaba enviar un mensaje político y operativo: el Gobierno nacional estaba tomando el control de la emergencia y acompañaría directamente a las regiones golpeadas.
El Gobierno pasa de la reacción a la emergencia nacional
Con el paso de las horas, la dimensión de la tragedia fue creciendo.
Los reportes empezaron a hablar de viviendas averiadas, edificaciones colapsadas, personas heridas y víctimas mortales. También se registraron afectaciones en aeropuertos y en infraestructura crítica.
Uno de los balances conocidos durante la jornada reportó 1.575 viviendas averiadas, 61 edificios colapsados y 18 estructuras con daños importantes, aunque las cifras continuaban en verificación.
Ante este escenario, el Gobierno avanzó hacia una respuesta de carácter nacional, con participación de las entidades de emergencia y de las autoridades territoriales.
La declaratoria de desastre nacional permitió concentrar esfuerzos, recursos y capacidades estatales en las regiones afectadas.
Una primera prueba para el nuevo Gobierno
La emergencia llegó en un momento particularmente sensible.
Abelardo de la Espriella llevaba solamente tres días en la Presidencia cuando tuvo que enfrentarse a una crisis que exigía decisiones rápidas, coordinación institucional y presencia en territorio.
No era una crisis política ni económica. Era una emergencia en la que cada minuto podía significar la diferencia entre encontrar con vida a una persona atrapada o llegar demasiado tarde.
Por eso, las primeras actuaciones del mandatario estuvieron marcadas por tres decisiones: suspender su agenda, activar la estructura nacional de respuesta y desplazarse hacia las zonas más golpeadas.
El balance definitivo de su gestión, sin embargo, no podrá hacerse solamente por lo ocurrido durante las primeras horas.
Ahora viene la etapa más difícil: rescatar a quienes todavía puedan estar atrapados, atender a los heridos, garantizar alojamiento y alimentación para los damnificados, recuperar los servicios públicos, restablecer la movilidad y comenzar la reconstrucción.
El país observa al nuevo presidente
El terremoto terminó convirtiéndose, de manera inesperada, en la primera gran prueba de Abelardo de la Espriella como jefe de Estado.
Las primeras horas mostraron a un Gobierno que respondió activando los mecanismos institucionales y colocando la emergencia por encima de la agenda presidencial.
Pero la verdadera evaluación comenzará después de que disminuya el ruido de las sirenas y termine la búsqueda entre los escombros.
Será entonces cuando las familias damnificadas necesiten respuestas concretas: vivienda, atención médica, ayudas económicas, reconstrucción y acompañamiento estatal.
Por ahora, la prioridad sigue siendo una sola: salvar vidas.
Y mientras los equipos de rescate continúan trabajando, Colombia espera que la coordinación entre Presidencia, Fuerzas Militares, Policía, organismos de socorro y autoridades locales consiga convertir las primeras horas de reacción en una respuesta efectiva para miles de familias que, en cuestión de segundos, lo perdieron casi todo.