Raúl Montes: el operador silencioso detrás del imperio de La Gata

Oct 6, 2022

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La historia de Raúl Montes no puede separarse del crecimiento del imperio económico de La Gata.

A partir de los años noventa y principios de los 2000, las apuestas permanentes y las redes del chance terminaron convirtiéndose en uno de los negocios más poderosos de la Costa Caribe. Desde barrios populares hasta estructuras empresariales regionales, el dinero del chance comenzó a mezclarse con política, campañas electorales, seguridad privada y disputas territoriales.

El crecimiento del poder de La Gata terminó siendo objeto de investigaciones judiciales relacionadas con homicidios, lavado de activos y presuntos vínculos con estructuras paramilitares.

En medio de ese contexto aparecieron versiones sobre operadores financieros, hombres de confianza y personas encargadas de proteger o administrar partes del entramado económico. Raúl Montes era el encargado del trabajo «sucio» como alegan quién lo conoce desde la epoca.

La madrugada del 2 de junio de 2014 marcó uno de los golpes judiciales más fuertes contra el entramado económico y empresarial construido alrededor de Enilce López, alias La Gata. En operativos simultáneos adelantados por la Dijín y la Fiscalía entre Barranquilla, Magangué y otras ciudades de la Costa Caribe, fueron capturados directivos, operadores y hombres cercanos a la estructura del clan.

Entre los detenidos apareció Raúl Antonio Montes Flórez, identificado en ese momento como jefe de seguridad de Uniapuestas y considerado por investigadores como uno de los hombres cercanos al círculo de confianza del clan. Las autoridades sostenían que el entramado empresarial de La Gata habría sido utilizado presuntamente para mover y legalizar recursos provenientes del narcotráfico y estructuras paramilitares.

Según documentos conocidos durante la investigación, Ómar Patiño Rondón y Raúl Montes Flórez habían pertenecido anteriormente al CTI de la Fiscalía en la Costa Atlántica. Sin embargo, el expediente judicial señalaba que, incluso desde la época en que portaban la placa de la Fiscalía, ambos habrían mantenido presuntos nexos con la organización de Enilce López y con cabecillas del bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Dentro del expediente también aparecían referencias a presuntos vínculos con Salvatore Mancuso y Edward Cobo, alias Diego Vecino, dos de los nombres más temidos del paramilitarismo en la Costa Caribe. Investigadores de la DEA y de la Fiscalía sostenían que ambos exfuncionarios eran piezas importantes dentro del supuesto andamiaje criminal utilizado para lavar cerca de 442 mil millones de pesos a través de empresas como Unicat, Uniapuestas, Aposmar, Seguridad 911, Aposucre y Uniproducciones.

Uno de los elementos más delicados del expediente provenía de declaraciones entregadas por exguardaespaldas de La Gata. Leonardo y Deivis Rojas Zabala señalaron a Raúl Montes como presunto encargado de transportar grandes cantidades de dinero en efectivo, supuestamente provenientes de caletas paramilitares vinculadas a Mancuso, para posteriormente ser incorporadas al circuito empresarial del clan. Según esas versiones, los montos transportados oscilaban entre 500 millones y 2.500 millones de pesos en efectivo.

El expediente también mencionaba presuntas irregularidades patrimoniales relacionadas con Montes y otras personas cercanas a la estructura. Investigadores sostenían que el crecimiento económico de varios integrantes del entorno del clan no correspondía plenamente con sus actividades conocidas, razón por la cual fueron incluidos dentro de investigaciones por enriquecimiento ilícito, lavado de activos y concierto para delinquir.

Además, el nombre de Montes apareció mencionado dentro de indagaciones relacionadas con desapariciones atribuidas a estructuras paramilitares, entre ellas los casos de José de la Rosa y Fabio Coley, antiguos integrantes de inteligencia del CTI cuyos cuerpos, según versiones judiciales de la época, habrían sido desmembrados y arrojados al mar.

Otro de los capítulos más explosivos de la investigación tenía relación con la DEA. Según investigadores citados dentro del expediente, autoridades estadounidenses recopilaban información sobre presuntas operaciones de lavado relacionadas con el clan de La Gata, e incluso se mencionaba la posibilidad de futuras extradiciones por supuesta financiación de estructuras paramilitares consideradas organizaciones terroristas por Estados Unidos.

Meses después de su captura, en septiembre de 2014, un juez de Barranquilla ordenó la libertad de Raúl Antonio Montes Flórez por vencimiento de términos. Sin embargo, la Fiscalía apeló la decisión argumentando que el proceso seguía vigente y posteriormente nuevas decisiones judiciales reactivaron órdenes de captura dentro del mismo expediente.

A pesar del paso de los años, el nombre de Raúl Montes continuó apareciendo ligado a una de las investigaciones más delicadas sobre lavado de activos, paramilitarismo y poder económico en la historia reciente de la Costa Caribe colombiana.

Los cuestionamientos sobre su patrimonio

Con el paso de los años, alrededor de Montes también surgieron comentarios y versiones sobre el crecimiento de su capacidad económica y sus relaciones empresariales incluso poco despues de la muerte de Emilse Lopez.

Fuentes regionales sostenían que su nombre aparecía mencionado dentro de conversaciones relacionadas con empresas de seguridad, propiedades, negocios privados y personas cercanas al antiguo clan político.

En distintos sectores políticos del Caribe circularon versiones que lo señalaban como presunto operador económico o supuesto testaferro cercano a sectores del entorno de «La Gata». Sin embargo, durante el proceso que se llevo contra el clan Alfonso Lopez ,en la fiscalia reposa una extensa carpeta que hasta el dia de hoy permanece engavetada.

Lo cierto es que alrededor de Montes persistieron durante años preguntas sobre el origen de ciertos negocios, relaciones empresariales y crecimiento patrimonial de personas vinculadas al antiguo círculo de poder.

Las tierras y el control regional

Fuentes políticas y sociales mencionaban que alrededor del antiguo entramado de poder existían cuestionamientos sobre predios, acumulación de tierras y control territorial ejercido a través de relaciones políticas y económicas construidas durante décadas.

Sin embargo, los rumores hablas de apoderarse de tierras a punto de plomo, pero esa versiones no han sido confirmados por las autoridades.

Exfuncionarios regionales, antiguos integrantes de esquemas de seguridad y personas que conocieron el funcionamiento interno del clan aseguraban en privado que Montes no era un simple empleado de confianza.

“Él era el que sabía quién entraba, quién salía, quién hablaba y quién negociaba”, decía hace años una fuente política del Caribe que coincidió con operadores cercanos al entorno de La Gata.

Otra fuente ligada al sector de seguridad privada cercana al clan lo describía como un hombre de bajo perfil, desconfiado y con acceso a información sensible.

“Por allá no se movía nada sin que él terminara enterándose”, sostenía.

Fuentes consultadas durante años sostenían que alrededor del entorno de personas vinculadas históricamente al círculo de La Gata existían comentarios recurrentes sobre presuntas adquisiciones irregulares, disputas sobre propiedad rural y posibles operaciones relacionadas con acumulación de tierras.

Algunas versiones incluso mencionaban que nombres cercanos al antiguo clan aparecían frecuentemente en conversaciones relacionadas con predios, seguridad privada como las empresas Lost Prevention Ltda y Atenas asi como el control territorial.

Por esa razón, cualquier referencia a presuntos casos de despojo, apropiación irregular o acumulación de tierras debe estar soportada en procesos judiciales, expedientes, decisiones administrativas, procesos de restitución o investigaciones formalmente documentadas.

Lo que sí parece claro es que, durante años, el control económico regional no se limitó al negocio del chance. También pasó por la tierra.

Y alrededor de toda esa historia continúan existiendo preguntas que, incluso años después, siguen sin una respuesta definitiva.

¿Qué pasó realmente con las investigaciones financieras alrededor del clan de La Gata?

¿Qué ocurrió con las estructuras empresariales señaladas dentro del expediente?

¿Qué pasó con las propiedades, las empresas de seguridad, las redes políticas y los supuestos operadores financieros mencionados durante años por investigadores y organismos judiciales?

Un hombre temido dentro y fuera del clan

Aunque la Fiscalía General de la Nación adelantó operativos, capturas y procesos judiciales contra integrantes del entorno de Enilce López, en distintos sectores políticos y judiciales persiste la percepción de que muchas líneas de investigación nunca avanzaron hasta el fondo.

Varios de los procesos terminaron enfrentando dilaciones, vencimientos de términos, libertades provisionales y largos trámites judiciales que, con el paso del tiempo, terminaron debilitando parte de las investigaciones iniciales.

En el caso de Raúl Montes, su nombre apareció mencionado dentro de uno de los expedientes más delicados sobre presunto lavado de activos y nexos entre estructuras empresariales y paramilitarismo en la Costa Caribe. Sin embargo, años después, seguían existiendo interrogantes sobre el estado real de esas investigaciones y sobre cuántas de las hipótesis planteadas por fiscales e investigadores lograron realmente traducirse en condenas definitivas.

También persistieron dudas sobre el alcance de los informes de inteligencia y sobre la posible existencia de redes económicas y políticas que, según distintas versiones regionales, continuaron operando incluso después de los golpes judiciales contra el clan.

Dentro de las múltiples versiones construidas durante años alrededor del antiguo círculo de poder de La Gata, existe un elemento que aparece repetidamente: la cercanía atribuida entre Raúl Montes y Jorge Luis Alfonso López, conocido como alias El Gatico.

Distintas fuentes consultadas durante años describían esa relación como una conexión construida alrededor de intereses políticos, esquemas de seguridad, negocios regionales y relaciones personales desarrolladas durante décadas.

“Ellos siempre estuvieron dentro del mismo círculo”, sostenía una fuente regional que conoció el funcionamiento del antiguo entramado político y empresarial.

Lo cierto es que, dentro de la narrativa regional construida alrededor del antiguo clan, el nombre de Raúl Montes aparece frecuentemente mencionado junto al de Jorge Luis Alfonso López, alimentando durante años percepciones sobre la permanencia de viejas alianzas, redes de confianza y estructuras heredadas del poder construido alrededor de La Gata.

Conocía relaciones políticas, movimientos económicos, conflictos internos y disputas de poder que durante años permanecieron lejos de la opinión pública.

“Él conocía la cocina completa”, decía una fuente cercana a Montes que durante años siguió el crecimiento del clan.

Si el desmantelamiento judicial realmente acabó con la estructura de poder construida alrededor de La Gata, o si parte de ese entramado simplemente aprendió a operar con más silencio y menos exposición pública.

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