Por años, el crimen de Luis López Peralta pareció uno más en la larga lista de asesinatos políticos en esa zona de Colombia.
Hoy, tras una batalla jurídica que se extendió por décadas, su hija logró lo que parecía imposible: que se hiciera justicia. La reciente decisión de la Corte Suprema de Justicia marca un punto de inflexión en uno de los casos más emblemáticos de violencia política en La Guajira.
El alto tribunal resolvió casar parcialmente una sentencia clave y dejar en firme la condena contra Juan Francisco «Kiko» Gómez Cerchar, por su responsabilidad en el homicidio agravado del exconcejal.
La decisión de la Corte Suprema de Justicia no solo restablece una condena que había sido revocada por el Tribunal Superior de Bogotá, hoy la sala de casación penal ratificó la primera instancia.

El fallo corrige una determinación que generó controversia y rechazo en distintos sectores, y reivindica una lucha judicial de más de dos décadas liderada por Diana López Zuleta.
Más allá de la decisión jurídica, el caso expone las tensiones entre poder político, justicia y memoria en una región marcada históricamente por la violencia, y reabre preguntas sobre otros hechos que aún no han sido plenamente esclarecidos.
Una infancia marcada por la violencia
El 6 de enero de 1997 debía ser un día de celebración. Diana López Zuleta cumplía 10 años rodeada de su familia en Barrancas, La Guajira. Había música, comida y la alegría propia de una familia numerosa.
Pero semanas después, el 22 de febrero, la historia cambió para siempre. Su padre, Luis López Peralta, fue asesinado de un disparo en el cuello.
Lo que para muchos fue otro crimen en medio del conflicto político regional, para Diana se convirtió en el inicio de una lucha que definiría su vida. Del dolor a la búsqueda de justiciaLa muerte de su padre no solo dejó un vacío familiar.
También marcó el rumbo de Diana, quien decidió estudiar periodismo con un propósito claro: investigar, denunciar y exigir justicia. Durante años, su vida ha estado atravesada por el riesgo.
Ha vivido con esquemas de seguridad, escoltas y chaleco antibalas. Pero nunca abandonó su objetivo.
En ese camino, encontró respaldo clave en el periodista Gonzalo Guillén, quien la impulsó a contar su historia y convertirla en memoria escrita. Fruto de ese proceso nació el libro Lo que no borró el desierto, donde Diana reconstruye no solo el asesinato de su padre, sino también la red de poder, miedo y violencia que marcó durante años a La Guajira.
En sus páginas relata la crudeza de crecer sin la figura paterna, en medio de amenazas y bajo el peso de una verdad que muchos preferían callar.El largo camino judicialEl caso avanzó lentamente en los tribunales.
En 2017, un juzgado especializado de Bogotá condenó a Gómez Cerchar como determinador del homicidio.
Tras años de recursos y controversias, la Corte Suprema ratificó su responsabilidad penal. Además de las condenas previas, el exgobernador enfrenta nuevas penas que superan los 40 años de prisión por este y otros hechos relacionados.
Poder, condena y controversia
Aunque hoy cumple condena en una cárcel colombiana, el nombre de “Kiko Gómez” sigue generando debate en la región. Diversas voces han denunciado que, incluso desde prisión, mantendría influencia política en La Guajira.
Estas afirmaciones, aunque recurrentes en el debate público y mediático, han sido materia de controversia y seguimiento por parte de las autoridades. Lo cierto es que su figura sigue siendo símbolo de una época marcada por el miedo, el control político y el temor.
Más que una sentencia
Este fallo no solo tiene implicaciones jurídicas. Representa el cierre al menos en el plano judicial de una lucha de más de dos décadas. Para Diana López Zuleta, no se trata únicamente de una victoria legal. Es la reivindicación de la memoria de su padre y una señal de que, pese a la demora, la justicia puede llegar. Una historia que refleja a Colombia.
El asesinato de Luis López Peralta es reflejo de una época en la que la violencia política permeaba territorios enteros del país. Pero también es ejemplo de resistencia.
La historia de Diana es la de una mujer que transformó el dolor en acción, que enfrentó estructuras de poder y que persistió cuando el sistema parecía fallar.Hoy, su lucha queda escrita no solo en sentencias judiciales, sino también en la memoria de un país que aún busca justicia..