Más que un anuncio de acuerdo, lo ocurrido en Ginebra marca un cambio de tono. Tras meses de escalada verbal y amenazas cruzadas, Irán y Estados Unidos han decidido explorar, nuevamente, la vía diplomática para intentar destrabar uno de los conflictos más sensibles del escenario internacional: el programa nuclear iraní.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó que ambas delegaciones lograron un “entendimiento” sobre principios generales que podrían servir de base para un futuro pacto. No habló de concesiones concretas ni de plazos inmediatos. El mensaje fue claro: hay una puerta entreabierta, pero nadie se atreve aún a cruzarla.
Un diálogo sin triunfalismos
La segunda ronda de conversaciones, que se extendió por más de tres horas en Ginebra, dejó una sensación de optimismo moderado en Teherán y de prudencia calculada en Washington. Para Irán, el simple hecho de sostener un intercambio fluido con Estados Unidos ya representa un avance, sobre todo después del endurecimiento del discurso estadounidense desde enero.
Araghchi evitó cuidadosamente cualquier gesto de euforia. Reconoció avances conceptuales, pero subrayó que el camino será largo y complejo. La cautela no es casual: Irán busca evitar que el proceso sea interpretado internamente como una cesión ante la presión militar y económica de Washington.
Estados Unidos mide cada paso
Desde la capital estadounidense, un alto funcionario confirmó progresos técnicos, aunque insistió en que “aún quedan muchos detalles por concretar”. Según esa versión, Irán presentará en las próximas dos semanas propuestas específicas, lo que indica que la negociación entra ahora en una fase más delicada y sustantiva.
La delegación estadounidense estuvo encabezada por dos figuras clave del círculo de poder del presidente Donald Trump: su yerno Jared Kushner y su enviado personal Steve Witkoff. La presencia de ambos refuerza la idea de que la Casa Blanca considera este dossier como una prioridad estratégica, aunque sin comprometer aún la línea dura que ha caracterizado su política exterior.
Negociar bajo presión
El diálogo se desarrolla en un contexto marcado por advertencias explícitas de Estados Unidos sobre posibles acciones militares si no se alcanza un acuerdo. Ese telón de fondo convierte cada avance diplomático en un equilibrio frágil entre negociación y disuasión.
Trump, desde el avión presidencial, reconoció que participa de manera “indirecta” en las conversaciones y aseguró que Irán tiene interés real en llegar a un entendimiento. La afirmación sugiere que, pese a la retórica confrontacional, Washington percibe señales de pragmatismo en Teherán.
Una oportunidad limitada, pero real
Ginebra no ha producido un acuerdo, pero sí algo que parecía improbable hace apenas unas semanas: un marco mínimo de entendimiento. Para ambas partes, el desafío ahora será convertir esa coincidencia inicial en compromisos verificables, sin provocar rupturas internas ni externas.
La diplomacia vuelve a escena, aunque camina por una cuerda floja. El resultado final dependerá de si este “entendimiento” logra sobrevivir a las presiones políticas, militares y electorales que rodean a ambos gobiernos.