Una nueva operación militar del Ejército de Israel en el norte de la Franja de Gaza dejó un saldo de decenas de muertos, mientras continúa el asedio sobre el enclave palestino. Aunque fuentes militares israelíes insisten en que se trató de la neutralización de “terroristas de Hamas”, organizaciones humanitarias y residentes denuncian que muchas de las víctimas eran civiles atrapados en medio del fuego cruzado.
Los enfrentamientos se produjeron en zonas altamente pobladas, donde aún quedan miles de personas desplazadas por los bombardeos previos. Testigos aseguran que los ataques no diferenciaron entre presuntos combatientes y población no armada.
En medio de la operación, Israel afirmó haber destruido túneles y escondites utilizados por Hamas, pero el costo humano sigue aumentando en una franja ya devastada por meses de violencia. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue pidiendo un cese al fuego inmediato y acceso humanitario irrestricto para salvar vidas.
La ONU y varias ONG internacionales han vuelto a exigir garantías para la protección de civiles, especialmente niños y ancianos, quienes representan un porcentaje alarmante de las víctimas. La falta de suministros médicos, alimentos y agua potable convierte cada jornada en Gaza en una lucha por la supervivencia, mientras la diplomacia permanece estancada y la población queda atrapada entre el castigo colectivo y la lógica de guerra.