Junior de Barranquilla ha hecho oficial la llegada del lateral izquierdo Yeison Suárez, procedente del Deportivo Pereira. El anuncio no fue cualquier comunicado seco: se reveló con un video grabado en el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín, un gesto que dice más de lo que parece. Junior no solo está fichando un jugador; está tratando de recuperar conexión con su entorno, con su hinchada y con la identidad barranquillera.
Suárez, que llega a disputar el puesto con Edwin Herrera, trae consigo algo que a veces se pierde en medio del ruido del mercado: hambre. «Estoy muy feliz de estar aquí, en esta gran ciudad… el ambiente futbolero que siempre se vive aquí seguramente nos va a llevar más cerca de conseguir los resultados», dijo el jugador, y más allá de la frase habitual, deja ver una disposición emocional que Junior necesita en este momento: compromiso, humildad y sentido de pertenencia.
En sus propias palabras, su primer pensamiento al firmar con el rojiblanco fue “quedar campeón y tener un sentido de pertenencia”. No suena a discurso prefabricado, sino a una intención que calza con la necesidad actual del equipo: volver a construir desde lo básico, desde lo emocional, desde lo que significa vestir esta camiseta.
Aunque Suárez no es el nombre rimbombante que en otras épocas habría deslumbrado a los fanáticos, su perfil encaja en la idea de un Junior más equilibrado, más realista, menos de papel y más de cancha. El jugador ya demostró con Pereira que tiene recorrido, temple y resistencia para competir. Ahora deberá ganarse el puesto ante un jugador con recorrido como Herrera, pero esa competencia interna también suma: obliga a elevar el nivel, a no relajarse.
Mientras el club sigue en busca de fichajes ofensivos, este movimiento en defensa deja entrever una intención de construir un equipo funcional, no solo brillante. Porque los campeonatos no se ganan solo con figuras: se ganan con solidez, compromiso y un vestuario sano.
Que Yeison Suárez sea el reflejo de ese nuevo Junior que se construye desde abajo. Que su llegada, silenciosa pero prometedora, sea una señal de que el Tiburón empieza a nadar con rumbo claro, no al vaivén de las olas.