Mientras la música, los desfiles y la salsa toman las calles de Cali, la Fuerza Pública cumple un papel clave para que la Feria de Cali se desarrolle en condiciones de seguridad, orden y convivencia ciudadana. Detrás de cada evento masivo hay un operativo silencioso que busca prevenir hechos violentos, proteger a los asistentes y responder de manera oportuna ante cualquier emergencia.
Desde el inicio de la feria, la Policía Metropolitana de Cali, en articulación con el Ejército Nacional, organismos de socorro y autoridades locales, ha desplegado planes especiales de vigilancia, control y prevención en los principales escenarios: el Salsódromo, los desfiles tradicionales, el Superconcierto, las casetas populares y las actividades barriales que se realizan en distintas comunas.

El trabajo no se limita a la presencia uniformada. Los operativos incluyen controles de ingreso, requisas preventivas, planes contra el porte ilegal de armas, verificación de antecedentes, regulación del tráfico y acompañamiento permanente a eventos multitudinarios, donde se congregan miles de personas. A esto se suman patrullajes constantes en zonas de alta afluencia turística y comercial.
Un componente destacado es la estrategia de prevención y proximidad, especialmente en espacios familiares y comunitarios. Grupos de Policía Comunitaria, Infancia y Adolescencia y gestores de convivencia han acompañado actividades culturales para reducir riesgos asociados al consumo excesivo de alcohol, riñas y afectaciones a menores de edad.
Las autoridades también han reforzado la capacidad de reacción con puestos de mando unificado, monitoreo por cámaras de seguridad y coordinación directa con el sistema de salud y los organismos de emergencia. Esto ha permitido atender situaciones de manera rápida y evitar que incidentes aislados afecten el desarrollo general de la feria.
Para la Fuerza Pública, el reto no es menor: proteger una ciudad que se transforma durante seis días, con movilidad alterada, jornadas nocturnas prolongadas y una alta concentración de visitantes. El balance preliminar resalta el compromiso institucional por mantener la feria como un espacio de disfrute, sin desconocer los desafíos que implica un evento de esta magnitud.
Así, mientras Cali baila y celebra, la seguridad se construye desde la prevención, la presencia y la coordinación, permitiendo que la Feria de Cali continúe siendo una expresión cultural viva, pero también un evento desarrollado bajo condiciones de control y responsabilidad.
Una feria que se despliega en toda la ciudad: desfiles, música y encuentros populares
La Feria de Cali no se concentra en un solo escenario. Durante seis días, la ciudad se transforma en un circuito cultural vivo, donde desfiles, conciertos y actividades comunitarias se desarrollan de manera simultánea en distintos puntos, permitiendo que la fiesta llegue a barrios, comunas y espacios tradicionales.
El Salsódromo, evento inaugural, marca el pulso de la feria con la participación de escuelas de salsa, comparsas y artistas que representan la esencia cultural de Cali. A partir de allí, la programación se diversifica con desfiles como Fiesta de mi Pueblo, que rinde homenaje a las tradiciones de las regiones colombianas, y el Carnaval de Cali Viejo, una puesta en escena cargada de memoria, personajes históricos y expresiones populares que conectan el pasado con el presente de la ciudad.
Otro de los eventos que convoca a familias enteras es el desfile de autos clásicos y antiguos, que convierte las calles en un recorrido nostálgico y cultural, mientras que las casetas populares y tarimas musicales se consolidan como espacios de encuentro donde la salsa, la música tropical y los sonidos urbanos se mezclan con el ambiente festivo.
El Superconcierto, uno de los espectáculos más esperados, reúne a artistas nacionales e internacionales y concentra a miles de asistentes, convirtiéndose en un punto clave tanto en lo cultural como en lo logístico y de seguridad. Paralelo a este gran evento, la feria se vive con fuerza en escenarios alternos, parques, bulevares y actividades barriales, donde la música y la gastronomía local son protagonistas.
Un aspecto destacado de esta edición es el alto número de eventos gratuitos o de acceso popular, lo que permite una participación amplia y diversa. Esta característica refuerza el carácter incluyente de la feria y facilita que caleños y visitantes disfruten de la programación sin barreras económicas.
Cada evento implica una articulación operativa y de seguridad, con acompañamiento permanente de la Fuerza Pública, organismos de socorro y gestores de convivencia, garantizando que la celebración se desarrolle en condiciones de orden y tranquilidad, incluso ante factores como la lluvia o la alta afluencia de público.
Así, la Feria de Cali se consolida no solo como una agenda de espectáculos, sino como un tejido de eventos que activan la ciudad, fortalecen su identidad cultural y convierten cada calle, tarima y desfile en un punto de encuentro colectivo.