Por: Jaime Guzmán
Era el 12 de mayo de 2021 en Colombia y finalmente después de varias protestas y paros se convocaba a todo el país a marchar en contra de la desaparición de personas, los asesinatos a líderes sociales y las reformas tributaria y de salud.
En Barranquilla, la situación no era diferente. Las calles estaban inundadas de emociones encontradas, no solo por las voces de los manifestantes clamando por las injusticias del país, sino también por el apasionante encuentro entre el equipo local, Junior, y el gigante sudamericano, River Plate. Era un evento que ningún aficionado al fútbol quería perderse.
La ciudad se sumergía en un caos de emociones políticas y deportivas, sin escapatoria. El estallido social era evidente, ya que el pueblo había alcanzado su límite con las injusticias.
Mientras la población marchaba, expresaba una serie de reclamos multifactoriales mediante pancartas, coros y perifoneos, relacionados con la reforma tributaria propuesta por el gobierno de Iván Duque y la expectativa del partido de fútbol.
La noche llegaba y aún se sentían los ecos de la marcha pacífica, aunque a veces violenta. Además, se escuchaban cánticos de apoyo al equipo local en la capital, sumándose a la tensión del evento deportivo.El partido comenzó entre Junior de Barranquilla y River Plate de Argentina, válido por la Copa Libertadores.La sensibilidad barranquillera se volvía ambigua ante las marchas sociales y el apoyo al equipo local, que nunca había vencido al equipo argentino.
En medio del juego, se escuchaban disturbios fuera del estadio Romelio Martínez, reflejando la discordia entre quienes rechazaban el espectáculo deportivo y los marchantes que luchaban por sus derechos.
La comparación con épocas brutales de la historia de Sudamérica era inevitable, recordando casos como el de las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, quienes aún buscan a sus seres queridos desaparecidos.
Volviendo a Colombia, la pandemia de COVID-19 había cobrado vidas desde el año anterior, pero para mayo de 2021, parecía que ya no era una prioridad informativa.
La marcha se convirtió en el foco de atención, reflejando la agitación y descontento en el país.
Después del partido, que terminó en empate 1-1, se consideró un buen resultado para evitar posibles disturbios por una derrota del equipo local.
Sin duda, ese día quedará marcado en la memoria colectiva, aunque las injusticias y desapariciones continúan, evidenciando la falta de un cambio real y la manipulación política del destino de la ciudadanía.