Crónica desde Montería
Por Amalfi Rosales
El agua no se ha ido del todo. El barro sigue pegado a las paredes. En los albergues el cansancio ya no se oculta. Montería amaneció con otro Consejo de Ministros. Afuera, las familias damnificadas siguen contando lo que perdieron.
El presidente Gustavo Petro lideró en Montería una nueva jornada del Consejo de Ministros dedicada a la emergencia por lluvias en la región Caribe. El mensaje fue claro. El país deberá destinar una decena de billones de pesos para la reconstrucción del tejido social y del territorio en los próximos meses.
“La reconstrucción será de una magnitud enorme”, dijo el mandatario. Habló de viviendas destruidas. Puentes colapsados. Carreteables inservibles. Tierras productivas bajo el agua. La escena institucional contrastó con la realidad de los coliseos llenos de colchonetas y familias enteras esperando ayuda básica.
El plan anunciado incluye entrega inmediata de alimentos, recuperación de más de 50.000 hectáreas de ciénagas, reubicación de familias damnificadas en zonas rurales y urbanas, reconstrucción territorial y acciones en salud para evitar brotes epidémicos. La prioridad inmediata sigue siendo la alimentación continua en las zonas afectadas.
Petro señaló que la Agencia Nacional de Tierras intervendrá en la recuperación de ciénagas para permitir mayor depósito de agua y reducir el impacto en áreas habitadas. Anunció un espacio en Montería para la reubicación inmediata de familias, con la construcción de nuevos barrios y la liberación del borde izquierdo del río, una franja que históricamente perteneció al cauce natural.
El presidente lanzó una advertencia directa. El manejo de los recursos no puede desviarse hacia intereses electorales. Para ello anunció traslados presupuestales y el uso de la Ley 1523 para reordenar el territorio y las tenencias de la tierra.
Mientras se hablaba de billones, en los albergues se hablaba de colchonetas. De comida. De medicamentos. De niños con fiebre. La distancia entre el anuncio y la necesidad sigue siendo amplia.
En paralelo, el Gobierno Nacional reforzó el envío de ayuda humanitaria. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres confirmó la llegada a Montería de más de 70 toneladas de asistencia desde Bogotá. Ocho vehículos ingresaron con colchonetas y kits de atención inmediata.
En la capital de Córdoba quedaron disponibles 2.161 colchonetas y 1.300 kits de alimentos, aseo, cocina, hamacas y sábanas. Quinientas colchonetas fueron distribuidas de inmediato en albergues de Montería. En Canalete un camión entregó 800 kits para atender las necesidades urgentes.
El despliegue continuará. En las próximas horas el Gobierno espera completar 223 toneladas de ayuda humanitaria como parte de la operación permanente del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. La distribución se coordina desde el Puesto de Mando Unificado departamental con autoridades locales.
A la ayuda material se sumó el refuerzo humano. Llegaron 64 voluntarios desde Bogotá. Se integraron 44 miembros de la Defensa Civil Colombiana. Se sumaron 20 unidades del Cuerpo de Bomberos. El apoyo se concentra en atención, acompañamiento comunitario y labores de emergencia.
El Ministerio de Salud desplegó equipos básicos en coordinación con las alcaldías. La prioridad es frenar la expansión de enfermedades infecciosas. El riesgo sanitario crece en zonas inundadas. El agua estancada ya empieza a pasar factura.
En Córdoba la gente escucha los anuncios con atención y escepticismo. Nadie discute la necesidad de recursos. Nadie niega la magnitud del desastre. La preocupación gira alrededor del tiempo. Del cumplimiento. De la transparencia.
Las comunidades indígenas recuerdan que esta tragedia fue advertida. Que hubo alertas tempranas ignoradas. Que el territorio habló antes. Hoy no piden culpables. Piden que se escuche antes de la próxima creciente.
El Estado traza una hoja de ruta. La población espera que no se quede en papel. El agua bajará. El barro quedará. La memoria también.
Córdoba no necesita discursos largos. Necesita reconstrucción real. Necesita prevención. Necesita que el territorio vuelva a ser respetado.