Dos años sin Mardonio Mejía: memoria, silencio y una verdad que sigue pendiente

Ene 26, 2026

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Este mes se cumplen dos años del asesinato del periodista comunitario Mardonio Mejía Mendoza, ocurrido la noche del 24 de enero de 2024 en San Pedro, Sucre. Dos años después, su ausencia sigue pesando en la emisora, en el pueblo y en el periodismo regional, mientras la justicia avanza de forma incompleta y las preguntas esenciales permanecen sin respuesta.

Mardonio no era una figura nacional ni ocupaba grandes titulares. Era, ante todo, la voz cotidiana de su comunidad. Desde la emisora Sonora Estéreo, informó durante años sobre asuntos locales, denuncias ciudadanas, problemas de seguridad y temas de interés público, convirtiéndose en un referente para los habitantes de San Pedro y su zona rural.

El programa que quedó en la memoria

Ocho días antes de su asesinato, el 16 de enero de 2024, Mardonio dedicó parte de su noticiero a recordar la vida, muerte y antecedentes judiciales de la fallecida Enilce López alias La Gata,, así como los procesos que involucraban a sus hijos, especialmente a Jorge Luis Alfonso López alias el Gatico, información que ya había sido ampliamente difundida por medios nacionales.

Esa emisión, citada posteriormente por organizaciones defensoras de la libertad de prensa, quedó grabada en la memoria colectiva del municipio. No por el tono, sino por el silencio que vino después.

Un proceso inconcluso

Hasta hoy, el caso judicial solo ha permitido identificar a un presunto autor material: Ledinwit Yesith Díaz Mercado, capturado el mismo día del crimen y vinculado al proceso penal. La investigación cuenta con registros audiovisuales que, según las autoridades, lo ubican en los alrededores del lugar de los hechos.

Sin embargo, demoras, inconsistencias procesales y el vencimiento de términos llevaron a que el señalado autor material recobrara su libertad bajo la figura de detención domiciliaria, decisión que generó rechazo y preocupación en el gremio periodístico.

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) ha advertido que el caso de Mardonio Mejía es un ejemplo de las fallas estructurales del sistema judicial colombiano y del alto nivel de impunidad que rodea los asesinatos de periodistas, especialmente en regiones donde el periodismo comunitario cumple un papel esencial.

Los autores intelectuales: la deuda más grande

A dos años del crimen, no existe imputación ni identificación de autores intelectuales. En San Pedro persisten versiones y sospechas que circulan en voz baja entre los habitantes, alimentadas por el contexto regional y por el contenido del trabajo periodístico de Mardonio en los días previos a su muerte.

Estas versiones, sin embargo, no han sido corroboradas ni judicializadas, y permanecen en el terreno de la percepción comunitaria. Corresponde exclusivamente a la Fiscalía establecer si existen responsabilidades de terceros como determinadores del crimen. Mientras eso no ocurra, la verdad seguirá incompleta.

Un homenaje necesario

Recordar a Mardonio Mejía no es solo un acto de memoria, sino una forma de resistencia. Su asesinato no solo apagó una voz radial; envió un mensaje de intimidación a quienes ejercen el periodismo local en condiciones precarias y con escasas garantías de protección.


Dos años después, su micrófono sigue en silencio, pero su historia continúa interpelando a la justicia y al Estado. Honrar su memoria implica exigir verdad, justicia y garantías para que ningún periodista sea asesinado por informar.


Hasta que los responsables intelectuales no sean esclarecidos, el nombre de Mardonio Mejía seguirá siendo un recordatorio doloroso de que en Colombia informar, en muchos territorios, aún cuesta la vida.

Los intocables que matan

En Colombia, la violencia contra la prensa sigue siendo una forma de censura efectiva. De acuerdo con registros de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), al menos 168 periodistas han sido asesinados por razones vinculadas a su labor informativa, y cerca del 79 % de esos casos permanecen en la impunidad, sin que se haya esclarecido quiénes ordenaron los crímenes.

A este panorama se suma un clima constante de amenazas, intimidaciones y agresiones, más de 500 en un solo año que afectan especialmente a comunicadores que investigan corrupción, criminalidad organizada o redes de poder político y económico.

En muchos territorios, tocar a los poderosos sigue teniendo un costo alto: el silencio forzado, el exilio o la muerte, mientras la justicia avanza lentamente y la verdad permanece atrapada en los expedientes.

Los periodistas que trabajan desde emisoras comunitarias, medios locales o espacios independientes suelen quedar expuestos sin esquemas de protección ni respaldo institucional. Sus denuncias afectan intereses políticos, económicos o criminales, y por ello se convierten en blanco de amenazas que rara vez se investigan con la urgencia que requieren.


En ese contexto, el asesinato del periodista Mardonio Mejía no fue un hecho común,sino parte de una cadena de agresiones contra la prensa que intenta cumplir su función esencial: garantizar el derecho de la sociedad a estar informada. Su muerte volvió a poner en evidencia cómo el silencio, la impunidad y el miedo siguen siendo herramientas eficaces para censurar.

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