Han pasado dos años desde el asesinato del periodista comunitario Mardonio Mejía Mendoza, ocurrido la noche del 24 de enero de 2024 en el municipio de San Pedro, Sucre, y el caso continúa marcado por la incertidumbre, la impunidad y la ausencia de verdad plena.
Mardonio Mejía era director de la emisora comunitaria Sonora
Estéreo y una de las voces informativas más escuchadas del municipio. Su trabajo se centraba en asuntos locales, seguridad, denuncias ciudadanas y temas de interés público. Precisamente, ocho días antes de su asesinato, el 16 de enero, dedicó cerca de doce minutos de su noticiero a referirse a la muerte y al historial judicial de Enilce López, conocida como “La Gata”, así como a los procesos judiciales de sus hijos, información ampliamente documentada por medios nacionales.
Ese programa radial fue citado posteriormente por organizaciones defensoras de la libertad de prensa como uno de los contextos relevantes a tener en cuenta dentro de la investigación, sin que hasta ahora exista una conclusión judicial que establezca relación causal directa entre esa emisión y el crimen.
Un capturado, pero una verdad incompleta

Hasta la fecha, el proceso judicial solo ha permitido identificar a un presunto autor material: Ledinwit Yesith Díaz Mercado, quien fue capturado y judicializado por el homicidio. No obstante, debido a demoras, inconsistencias procesales y decisiones contradictorias de la Fiscalía, el caso llegó al vencimiento de términos, lo que derivó en su libertad provisional bajo detención domiciliaria, condicionada a mecanismos de vigilancia electrónica.
De acuerdo con información que reposa en el expediente judicial y en registros oficiales, Díaz Mercado fue capturado el mismo día del asesinato del periodista Mardonio y el proceso cuenta con material audiovisual que, según las autoridades, lo ubica en los alrededores del lugar de los hechos en los momentos previos y posteriores al homicidio.
Dentro de las líneas de investigación, se indaga además sobre posibles vínculos laborales previos entre Díaz Mercado y estructuras empresariales asociadas al entorno de Jorge Luis Alfonso López, hijo de Enilce López, información que podría ser corroborada a través de registros de aportes parafiscales y documentación laboral, los cuales hacen parte de las verificaciones en curso.
No obstante, hasta la fecha ninguna autoridad judicial ha establecido responsabilidad alguna de terceros como determinadores del crimen, ni existe imputación formal contra otras personas distintas al presunto autor material.
La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) ha advertido que este caso refleja graves fallas estructurales del sistema judicial y constituye un ejemplo más del alto nivel de impunidad que rodea los asesinatos de periodistas en Colombia, especialmente en regiones donde el periodismo comunitario cumple un rol esencia.
Los determinadores: la gran deuda de la justicia
A casi dos años del crimen, no hay personas judicializadas como autores intelectuales. La investigación no ha logrado establecer quién o quiénes ordenaron el asesinato, un vacío que mantiene abierta la herida en la familia del periodista, en el gremio y en la comunidad.
En San Pedro, persisten versiones y comentarios que circulan en voz baja entre los habitantes, alimentados por el contexto regional y por la emisión radial del 16 de enero. Sin embargo, estas versiones no han sido corroboradas ni formalizadas dentro del proceso judicial, por lo que permanecen en el terreno del rumor y no de la prueba. es que, mientras no se esclarezca la cadena completa de responsabilidades, el caso seguirá siendo un símbolo de justicia a medias.
El efecto silencioso del crimen
El asesinato de Mardonio Mejía no solo apagó una voz radial, sino que envió un mensaje inquietante a otros comunicadores locales: informar puede costar la vida y, aun así, quedar sin respuestas. La autocensura, el miedo y la precariedad siguen siendo parte del ejercicio periodístico en muchas regiones del país.
Hoy, el expediente avanza lentamente, el presunto autor material cumple detención domiciliaria y los determinadores siguen sin nombre. La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién ordenó matar al periodista Mardonio Mejía?
Mientras esa respuesta no llegue, la justicia seguirá en deuda.