La captura de alias “Nachito” marca un punto de quiebre en el crimen que estremeció a la Rama Judicial y al país entero: el asesinato del fiscal 30 local de Barranquilla, Norbey Ruiz Correa. Tras meses de investigación, seguimiento técnico y análisis de cámaras de seguridad, las autoridades lograron detener al señalado autor material del homicidio. Sin embargo, aunque el gatillero ya está tras las rejas, la justicia sigue incompleta.
El fiscal Ruiz fue asesinado el 19 de febrero de 2025, en el barrio Galán de Barranquilla, luego de retirar dinero de un cajero automático. Un hombre lo interceptó, lo intimidó y, al encontrar resistencia, le disparó en repetidas ocasiones. El funcionario murió horas después, dejando un profundo vacío entre sus colegas y una alerta nacional sobre la seguridad de los operadores judiciales.
La captura se produjo en el barrio La Gloria, durante un operativo del Gaula de la Policía Nacional, que actuó con orden judicial. El detenido fue identificado como José Ignacio Londoño Corredor, alias “Nachito”, un hombre con un amplio prontuario criminal: 11 anotaciones judiciales, entre ellas homicidio, porte ilegal de armas, hurto calificado y fuga de presos. Según las autoridades, también tendría vínculos con el grupo delictivo organizado ‘Los Pepes’.
Las pruebas en su contra incluyen registros de cámaras de seguridad, análisis de rutas de escape y labores de inteligencia que lo ubican en el lugar de los hechos y lo señalan como quien accionó el arma que acabó con la vida del fiscal. Un juez de control de garantías legalizó su captura y deberá responder por homicidio agravado.
Pero el caso no se cierra aquí
Para la familia, los compañeros de la Fiscalía y diversos sectores judiciales, la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿quién ordenó el crimen? Las autoridades han sido claras en señalar que alias “Nachito” no actuó solo. Detrás del sicario podría existir una estructura criminal que planificó el ataque, seleccionó a la víctima y dio la orden final.
El asesinato de un fiscal no puede reducirse a un simple intento de hurto. La investidura de la víctima, su trabajo judicial y el contexto del crimen obligan a ir más allá del autor material y llegar hasta los autores intelectuales, aquellos que, desde la sombra, siguen impunes.
Hoy, la captura del sicario es un paso importante. Es justicia, sí, pero una justicia a medias. La verdadera reparación solo llegará cuando se esclarezca quién mandó matar al fiscal Norbey Ruiz Correa y se desmonte por completo la red criminal que atentó contra la institucionalidad del Estado.