Cuando Katia Ospino anunció su candidatura al Senado de la República, no lo hizo desde una tarima multitudinaria ni arropada por las estructuras tradicionales de poder. Lo hizo apelando a una idea que ha repetido en entrevistas y espacios públicos: la política también se puede ejercer desde la calle, desde la verdad y desde las regiones que históricamente han sido marginadas.
Su nombre no es ajeno al debate público en el Caribe colombiano. Antes de aparecer en el tarjetón, Ospino ya era reconocida como periodista, comunicadora social e investigadora, con más de dos décadas de trabajo en medios y un recorrido marcado por denuncias sobre corrupción, poder político y conflicto armado en departamentos como Cesar, La Guajira y Magdalena.
Una trayectoria previa a la política electoral
Durante años, Katia Ospino ejerció el periodismo en contextos complejos, documentando realidades sociales que pocas veces ocupan los titulares nacionales. Ese trabajo, según ha explicado en distintas entrevistas, fue el que la llevó a cuestionarse el papel de la representación política y la distancia entre quienes toman decisiones en Bogotá y quienes viven las consecuencias en los territorios.
Su paso a la política no fue inmediato. Primero impulsó procesos ciudadanos y posteriormente lideró el movimiento El Pueblo Manda, con el que buscó disputar el poder regional a las casas políticas tradicionales del Cesar. En 2023 fue candidata a la Gobernación, consolidando un perfil que, aunque no logró el cargo, sí logró instalar un discurso crítico frente a la hegemonía política en el departamento.
Del micrófono al escenario político
Ese tránsito del periodismo a la política es uno de los rasgos que hoy definen su candidatura al Senado. Ospino sostiene que no llega como una figura improvisada, sino como alguien que conoce de cerca las problemáticas sociales por haberlas investigado y narrado durante años.
En sus apariciones públicas, ha sido enfática en señalar que su aspiración no responde a un proyecto personal, sino a la necesidad de que las regiones tengan una representación real en el Congreso. “No es un honor, es una responsabilidad”, ha dicho al explicar por qué decidió dar el salto a la política nacional.
El proyecto político alternativo
Katia Ospino ha insistido en que su aspiración al Senado no nace de una estructura tradicional ni de un cálculo burocrático, sino de un recorrido previo desde el periodismo y el trabajo social en territorio. En entrevistas y declaraciones públicas, ha reiterado que su propuesta busca romper con la lógica de representación concentrada en clanes políticos que, durante décadas, han monopolizado el poder en departamentos como el Cesar.
Su discurso gira alrededor de una idea central: las regiones deben tener voz propia en el Congreso, y no seguir delegando su representación a figuras que según ella solo regresan en época electoral. “Los votos del Caribe no pueden seguir yéndose para proyectos que no conocen nuestras realidades”, ha señalado en distintos espacios públicos.
Ospino plantea un proyecto político que se autodefine como alternativo y territorial, enfocado en sectores históricamente marginados: campesinos, víctimas del conflicto armado, mujeres cabeza de hogar, madres comunitarias y jóvenes sin oportunidades laborales. En sus intervenciones, ha enfatizado que su experiencia como periodista le permitió conocer de primera mano las fallas estructurales del Estado en zonas periféricas, así como las consecuencias sociales de la corrupción y la captura institucional.
A diferencia de los discursos tradicionales de campaña, su propuesta no se ha presentado como un catálogo cerrado de promesas, sino como un ejercicio de construcción desde las comunidades, basado en el recorrido de barrios, veredas y municipios. Para Ospino, la política ha dicho no puede seguir haciéndose únicamente “desde oficinas en Bogotá”, sino desde el contacto directo con las problemáticas locales.
Este enfoque la ha convertido en una figura incómoda para los poderes regionales tradicionales, al cuestionar la forma en que históricamente se han distribuido los recursos y las decisiones políticas en el Caribe colombiano. Su aspiración al Senado busca, precisamente, llevar ese debate local al escenario nacional.
La candidatura al Senado
Katia Ospino está inscrita como candidata al Senado de la República en la lista cerrada del partido La Fuerza, donde ocupa uno de los primeros lugares. Su presencia en esa lista ha sido leída como un respaldo político importante, pero también como un reto: traducir el discurso alternativo en respaldo electoral real en un escenario altamente competitivo.
Ella misma ha reconocido que no cuenta con las maquinarias tradicionales, pero sostiene que su fortaleza está en el trabajo de base y en el reconocimiento que ha construido en los territorios a lo largo de los años.
Retos y tensiones
El camino hacia el Senado no está exento de dificultades. Competir contra estructuras políticas consolidadas, en regiones donde el clientelismo sigue teniendo peso, representa uno de los mayores desafíos para su proyecto. A ello se suma el reto de pasar del discurso crítico a la capacidad real de incidir en el Congreso.
Sin embargo, Ospino plantea que su candidatura no debe medirse solo en términos electorales, sino como parte de una disputa más amplia por la forma en que se ejerce la política en Colombia: quiénes deciden, a quiénes representan y desde dónde se construyen las agendas legislativas.
Una apuesta en disputa
La aspiración de Katia Ospino al Senado se inscribe en un momento de reconfiguración política, donde sectores ciudadanos buscan alternativas frente a los modelos tradicionales de poder. Su candidatura representa una apuesta por trasladar al Congreso las voces que, durante años, han permanecido en los márgenes del debate nacional.
El resultado electoral aún está en el debate. Lo que sí está claro es que su proyecto político busca poner sobre la mesa una discusión de fondo: si la política puede volver a construirse desde las regiones y no solo desde los centros de poder.