Aguachica, Cesar
La noche en la vereda El Juncal, en zona rural de Aguachica, se rompió de manera abrupta. Donde habitualmente solo se escuchan grillos y viento, las explosiones y los disparos marcaron una de las jornadas más violentas del año en el sur del Cesar. La Base Militar del 27, adscrita al Batallón de Infantería N.° 14 “Ricaurte”, fue blanco de un ataque terrorista con artefactos explosivos, que dejó cuatro soldados asesinados y al menos siete más heridos.
El atentado ocurrió en horas de la noche del jueves 18 de diciembre, cuando hombres armados ejecutaron una acción coordinada contra la instalación militar. De acuerdo con información preliminar entregada por el Ejército Nacional y confirmada por varios medios de comunicación, el ataque incluyó explosivos de alto poder y no se descarta el uso de drones adaptados con cargas explosivas, una modalidad que ha encendido las alarmas de las Fuerzas Militares en distintas regiones del país.
Minutos de terror

Soldados que cumplían labores de vigilancia y descanso fueron sorprendidos por las detonaciones. El estruendo sacudió la base y obligó a una reacción inmediata para proteger la vida de los uniformados y contener el ataque. En medio del caos, varios militares resultaron gravemente heridos por esquirlas y la onda explosiva.
Las escenas posteriores fueron de urgencia y dolor: ambulancias entrando y saliendo, uniformes manchados de polvo y sangre, y compañeros intentando auxiliar a quienes yacían heridos. Los lesionados fueron evacuados de inmediato a centros médicos de Aguachica y municipios cercanos, donde permanecen bajo observación.
Las víctimas
El balance preliminar es devastador: cuatro soldados perdieron la vida en cumplimiento de su deber. Aunque las autoridades aún no han revelado oficialmente sus identidades, se conoció que algunos de ellos llevaban poco tiempo en la unidad y otros contaban con varios años de servicio. Detrás de cada uniforme hay familias, hijos, padres y sueños truncados, que hoy esperan respuestas.
¿Quién está detrás del atentado?
Altas fuentes militares señalaron que la acción habría sido perpetrada por el Frente Camilo Torres Restrepo del ELN, grupo armado ilegal con presencia histórica en esta zona del país. Aunque la investigación sigue en curso, el Ejército considera que el ataque hace parte de una escalada de hostigamientos contra la Fuerza Pública en corredores estratégicos del sur del Cesar y el Magdalena Medio.
Tras el atentado, unidades de la Segunda División del Ejército Nacional desplegaron operaciones de control territorial, aseguramiento del área y verificación de posibles artefactos adicionales, mientras avanzan las labores de inteligencia para identificar a los responsables.
Los habitantes de El Juncal y sectores aledaños relataron haber escuchado las explosiones a varios kilómetros de distancia. Muchas familias se refugiaron en sus viviendas, temiendo que el ataque se extendiera hacia la población civil.
“Pensamos que la guerra había vuelto”, dijo un campesino de la zona, aún conmocionado.
La comunidad vive hoy entre el temor, el silencio y la resignación, en una región históricamente golpeada por el conflicto armado y la presencia de grupos ilegales.
Este nuevo atentado reabre el debate sobre la seguridad en zonas rurales estratégicas, el uso de nuevas tecnologías bélicas por parte de grupos armados ilegales y la vulnerabilidad de las bases militares en regiones de alta conflictividad.
Mientras el país espera un pronunciamiento más amplio del Gobierno Nacional y del Ministerio de Defensa, Aguachica llora a cuatro soldados caídos, y una vez más, el conflicto armado demuestra que sigue cobrando vidas en silencio.